martes, 8 de diciembre de 2009

Don nadie quejumbroso

Todavía me acuerdo de aquellos días en que iba a la secundaria y me compré mi primera (y única) guitarra eléctrica, en esos momentos sentía la indubitable convicción de que tenía que ser estrella de rock, pues entonces me gustaba el rock y sentía que desbordaba talento. Después, cuando pasé a la prepa, gracias a unos buenos amigos tuve mi primer acercamiento a la literatura, obviamente comenzamos leyendo Rius y, consecuencia necesaria, nos volvimos marxistas de manual soviético[1]. Como nos sentíamos los únicos iluminados de la escuela[2], publicamos un discontinuo pasquín comunista con la intención de despertar las aletargadas cabezas de nuestros compañeros; naturalmente, hasta la fecha sus cabezas siguen aletargadas y sospecho que así será mientras vivan. El caso es que nos sentíamos revolucionarios y esperábamos el momento de dejarnos crecer la barba y echar tiros en la sierra madre.
Hoy, pasados los años, sigo componiendo, aunque no rock desde luego, y ya no me atrevo ni siquiera a pensar que desbordo talento. La apatía popular es poderosa y me ha contagiado, mi posición política es la indiferencia. Sigo leyendo, si bien los manuales marxistas los dejé hace tiempo, pero no puedo decir que sea un buen lector ni un buen estudioso; ni siquiera un buen estudiante ya que no me presenté ni una vez a la única materia que pasé este cuatrimestre. Además, si está leyendo este escrito, usted mismo podrá percatarse de que sigo escribiendo pero tampoco soy Serna.
Kurt Cobain escribió: “i’m worst in that i do best and for this gift i feel bleesed”, les puedo decir que Kurt Cobain era un pendejo. Yo hago muchas cosas, si bien no soy el peor en ninguna, en ninguna soy lo suficientemente competente, no para sobresalir, no se me malinterprete, sino para sentirme plenamente satisfecho con lo que hago y, créanme!, no es razón para sentirse bendecido. Esta condición es tediosa porque ni se es un chingón, ni se es lo suficientemente inepto para estar contento viendo la academia los domingos y te vuelve un don nadie quejumbroso.
Epílogo
Tan quejumbroso soy, que no me gusta lo que escribo, tan don nadie, que lo hago en un blog que nadie lee.
[1] Naturalmente las librerías de viejo nos parecían el paraíso, pues éstas rebosan de dichos manuales ya que nadie los quiere leer hoy, y me parece que con razón.
[2] Y la neta lo éramos, a pesar de Marx.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre 'Nueva refutación del tiempo'

Para todo aquel que se digne a leerlo completo
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Borges es un escritor peculiar, en sus textos gusta de tratar temas que la convención considera propios de la ciencia o la filosofía, sin embargo, los aborda con una óptica singular y una libertad propias de su oficio, la literatura. La cuestión que examinaremos hoy no es la excepción, el tiempo interesó mucho a Borges y su tratamiento, o su refutación, se encuentra en gran parte de sus escritos, como él mismo dice: “[e]sa refutación está de algún modo en todos mis libros”[1].
Ya hemos adelantado que Borges pretende refutar al tiempo, pero antes de ver de qué se trata dicha refutación y de reconstruir su argumentación, revisemos algunas nociones de las que se vale y que también le movieron, o le orillaron, a formular la misma.

Berkeley o la negación del espacio

Todo el que esté más o menos versado en filosofía sabe, aunque no haya leído ninguno de sus libros, que la tesis más importante de George Berkeley es: ese es pecipi[2]. El trasfondo de está audaz afirmación es su doctrina idealista. Para Berkeley todo lo susceptible de conocimiento, o sea todo salvo las substancias capaces de percibir, es idea. Ya sean “[…] ideas impresas realmente en los sentidos, o […] percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o […] ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria […] o […] mediante la representación de las ideas percibidas originariamente […]”[3], todas son ideas.
Cabe mencionar, a modo de digresión, que las ideas según Berkeley son de naturaleza concreta o, a decir de él, particular[4] y “[…] no [se] pued[e] admitir […] que existan ideas generales abstractas”[5], la razón que arguye es que al representarnos los objetos, v. g. el hombre, siempre concebimos una idea concreta, nos representamos a un hombre particular con características específicas, por ejemplo, determinado color o estatura, y nunca podemos imaginar a un hombre que contenga las características de todos los hombres, más aún, en la idea de hombre, como especie, no cabe concebir al mismo tiempo al varón y a la mujer por cualidades físicas claramente inconciliables.
Volviendo a nuestro asunto, si el ser de las cosas consiste en que se les perciba, y el percibir es una actividad intelectual, es decir, sólo percepción de ideas, entonces las substancias materiales sobran y “[…] no hay otras sustancias sino las espirituales, esto es, las que son capaces de percibir”[6], además, no puede haber substancias materiales porque por lo menos tendrían extensión y figura y éstas cualidades “[…] no son más que ideas […]”[7], las cuales no pueden existir en una substancia que no perciba[8].
El espacio puro no puede existir “[…] ya que se trata de una idea en extremo abstracta”[9], aparte de que sin materia que lo llene es inconcebible. El decir que hay espacio significa “[…] que yo imagino que mi cuerpo podría moverse en todas las direcciones sin la menor resistencia; pero si este […] fuera aniquilado, […] tampoco habría espacio”[10].
Si bien Berkeley niega la existencia de la materia y del espacio absoluto, afirma la identidad personal ya que, recordemos, sólo hay substancias capaces de percibir, y nosotros percibimos, y “yo no meramente soy mis ideas, sino otra cosa: un principio activo y pensante”[11], es decir, una substancia, una individualidad. Esta misma, la niega Hume.

Hume o la negación del yo

Debido al análisis al que Hume somete a las ideas, concluye que las nociones de existencia, relación causal y substancia son falsas e ilusorias.
Hume dice que no hay algo que pueda llamarse existencia, pues esto es redundante, además de que no se puede pensar la existencia como independiente del objeto que consideramos existente. “La idea de existencia no agrega nada a la idea de un objeto: ‘objeto’ y ‘objeto existente’ son expresiones sinónimas”[12].
Respecto de la causalidad Hume opina que como las relaciones causales son proposiciones sobre hechos, no entrañan necesidad. Como en la experiencia a un cierto hecho le sucede otro “[…] el primero es llamado ‘causa’ y el segundo efecto’”[13], pero esto solamente es producto de la asociación de ideas, dicho de otro modo, “[…] el efecto no está contenido necesariamente en la causa […]”[14].
La cuestión sobre la substancia se soluciona de modo similar al de la existencia. “No hay ninguna realidad que se llame ‘substancia’”[15], ésta es una colección de ideas simples que la imaginación une. “No hay, pues, las cualidades de una cosa más su substancia”[16].
Respecto de la substancia espiritual de la que habla Berkeley, Hume la llama ‘yo’ (self) a la vez que la niega. Cuando consideramos al yo no podemos aislarlo de las percepciones que éste tiene, por eso concluye que el sujeto o yo es “una colección o atadura de percepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez”[17] y nunca más que eso, es decir, una substancia.

Refutación del tiempo

Bosquejadas estas nociones tenemos las herramientas necesarias para exponer y, lo más importante, entender la refutación que hace Borges del tiempo.
Berkeley niega la materia y el espacio, por su parte Hume niega la identidad personal, en éste sentido Borges está de acuerdo con ellos; sin embargo, ambos afirman el tiempo, Berkeley como “[…] sucesión de ideas que en mi mente fluyen de modo uniforme […]”[18] y Hume como “una sucesión de momentos indivisibles”[19].
En este punto, el mismo Borges dice que estamos adentrándonos en un mundo mental sin materia ni espíritu, “[…] un mundo sin la arquitectura ideal del espacio; un mundo hecho de tiempo […]”[20], concepción similar a la que se le atribuye a los habitantes de Uqbar quienes “[…] conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio, sino de modo sucesivo en el tiempo”[21]. Pero Borges no se detiene ahí, y considera que “[n]egados el espíritu y la materia […], negado también el espacio, no tenemos derecho a esa continuidad que es el tiempo”[22]; algunos sabios de Tlön también niegan el tiempo, pues “[…] razona[n] que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”[23], cabe hacer notar que esos sabios, que presuntamente están al margen de la cultura occidental, o más bien terrestre, tienen un sospechoso parecido con san Agustín[24].
Borges reconoce en la naturaleza del tiempo dos aspectos, lo cual me parece muy original pues no he encontrado una concepción similar en ningún otro autor[25], la sucesión y la contemporaneidad, aunque lamentablemente es una tesis no desarrollada pues inmediatamente la niega: “Niego en un elevado número de casos, lo sucesivo; niego, en un número elevado de casos, lo contemporáneo también”[26].
Pero si se niegan estas dos caras del tiempo ¿qué nos queda?, ¿cuál es el orden de la realidad si es que hay alguno?, ¿cómo podemos explicar los acontecimientos?; la respuesta de Borges es simple, “[…] cada estado que vivimos es absoluto […]”[27] y “[c]ada instante es autónomo”[28]. “[…] [S]i cada término es absoluto, sus relaciones se reducen a la conciencia de que esas relaciones existen”[29], es decir, un momento precede a otro o le es contemporáneo en la medida en que los sabemos contemporáneos o sucesivos, pero no es una propiedad intrínseca de los instantes, es más bien aparente.
Con esto pareciera concluida la cuestión, sin embargo, no es el caso. Al principio de la primera nueva refutación del tiempo Borges dice que dos argumentos le sugirieron dicha refutación: “el idealismo de Berkeley […] [y] el principio de los indiscernibles, de Leibniz”[30], el primero ya está tratado, ahora entra en escena el segundo.
Para explicar la realidad se esboza la idea de la independencia de los instantes, pero quizá ésta también sea sólo ilusoria y en realidad haya un número determinado de instantes, tal vez sólo uno. Pensemos en el dolor, la decepción y la frustración que sintieron Benjamín Galindo, Zague, García Azpe y demás seleccionados cuando perdieron en penaltis contra Bulgaria los octavos de final del mundial del 94. Ahora supongamos[31] que en el mundial de Sudáfrica se perdiera en octavos de final y en penaltis contra, se me ocurre, Camerún, ¿no serían idénticos la decepción, el dolor y la frustración que sentirían los miembros de nuestro conjunto nacional? Yo diría que no, sin embargo Borges diría que sí y aventuraría: “[e]sos instantes que coinciden, ¿no son el mismo?”[32] Basados en el principio de los indiscernibles Borges concluye que son el mismo instante, varían los accidentes, en nuestro ejemplo el color de la camiseta y el estadio, pero lo esencial se mantiene, y si tomamos una muestra más abigarrada de instantes, podemos encontrar también similitudes que sugieren un solo instante, quiero decir: Eternidad, eternidad al modo de Platón[33] como el mismo Borges sugiere[34].
De este modo el examen del tiempo conduce a Borges a la negación del tiempo en tanto sucesión, así como en cuanto contemporaneidad, pero también a la afirmación de la eternidad.

Schopenhauer: una razonable alternativa

Después de repasar la concepción que Borges tiene del tiempo, cabe preguntarse, me parece inevitable, si es razonable y verosímil su postura. Mi opinión es que no. La tesis de Borges no me convence del todo, de hecho no me convence en lo más mínimo: considero que sí hay espacio, y materia que lo ocupe, que sí hay sujeto y, finalmente, que sí hay tiempo. Para justificar estas afirmaciones me apoyaré en el gran filósofo Schopenhauer.
El mundo como voluntad y representación comienza así: “El mundo es mi representación […]”[35]. Esta afirmación “[…] es el enunciado de aquella forma de toda experiencia posible […], la forma más general […], más que el tiempo, el espacio y la causalidad […]”[36], ¿Qué quiere decir esto?, que el mundo, por lo menos en el plano cognoscitivo, “[…] sólo es objeto en relación con el sujeto […]”[37]. El sujeto así, “[…] es el sostén del mundo, la condición sempiternamente presupuesta de cuanto se manifiesta, de todo objeto”[38]. En este caso el sujeto no es una substancia, pero esto no va en menoscabo de su status, pues, como ya se dijo, es una condición para la manifestación del mundo, como queda claro, es de una naturaleza distinta de éste. Considero que con esto queda suficientemente fundamentado que hay sujeto, es decir, una identidad personal[39].
Berkeley, y Borges lo sigue, considera que no hay espacio porque todo es idea. Si la materia es todo lo que ocupa un lugar en el espacio, el espacio es todo lo ocupado por la materia, pero si no hay materia, pues todo es idea, no hay espacio. Borges, por su parte, le otorga al tiempo la calidad de eternidad. Revisemos que dice Schopenhauer.
Kant considera al tiempo y al espacio como dos “[…] formas puras de la intuición sensible como principios del conocimiento a priori […]”[40], Schopenhauer adopta esta concepción entendiendo por sensibilidad “[e]l correlato subjetivo del tiempo y el espacio, en cuanto formas vacías […]”[41].
El tiempo es una forma del principio de razón, “[…] la sucesión es la esencia global del tiempo”[42], el espacio es “[…] la posibilidad de la recíproca determinación de sus partes entre sí, a la que se denomina ubicación”[43] mientras que la materia “[…] no es sino causalidad […]”[44] (causa y efecto), “[…] su ser es su obrar y ni siquiera es posible pensar otro ser de la materia”[45].
El tiempo y el espacio se dejan representar por sí mismos, mientras que la materia “[…] no se deja representar sin ellos”[46], además, la ley de causalidad rige la variación de los estados pero en la simultaneidad, es decir, en un tiempo y un espacio determinados. “En consecuencia la causalidad une al espacio con el tiempo”[47]. Más aún, “[…] la materia da lugar a la simultaneidad […]”[48] pues es ella quien une al tiempo con el espacio (en tanto la representa el entendimiento[49]), pues ésta no se puede dar sólo en el espacio, ni sólo en el tiempo, pues recordemos que su ser es su actuar.
Para Schopenhauer el tiempo y el espacio son las formas en las que se presenta el objeto para el sujeto, es decir, la representación se desdobla en objeto para el sujeto bajo las formas del tiempo y el espacio. Por otro lado la materia sí es substancia, de hecho substancia y materia son lo mismo[50].
Aclarado que el sujeto es la condición para que se dé la realidad efectiva (wirklichtkeit), que tiempo y espacio son las formas bajo las que se presentan los objetos y que la materia, al ser causalidad, une al tiempo y al espacio, sólo me queda una cosa por aclarar.
Si el tiempo solamente se da en cuanto el sujeto se representa un objeto, ¿Cómo podemos explicar, por ejemplo, que se hayan encontrado piedras datadas muy anteriores a cualquier organismo cognoscente? La respuesta no es tan sencilla, pero esa carencia la retribuye con contundencia, “[…] la existencia del mundo entero […] depend[e] […] de este primer ojo que se abrió, aún cuando fuera de un insecto […]”[51], pues, el mundo como representación sólo puede concebirse “[…] por y para el conocimiento […]” y requiere del sujeto como fundamento de su existencia, por tanto “[…] todo […] [el] tiempo […] sólo resulta pensable en la identidad de una conciencia […]”[52] y esas piedras, y todos los demás objetos, cobran realidad, y vejez o novedad, cuando hay un sujeto que los pueda intuir.

Las necesarias conclusiones

Con lo arriba redactado se hace sobremanera patente que concluyo que la concepción de Borges es inverosímil y poco razonable, y que la explicación que da Schopenhauer es más adecuada[53]; sin embargo, no creo que esto sea algo que le hubiera importado mucho a Borges, pues, si bien, la aspiración del filósofo es decir la verdad, la del literato, y en especial la de un literato como el que tratamos, es distinta. A Borges le interesa más crear mundos que explicar el que habitamos, de ahí su tendencia de tomar con cierto desenfado esos temas. De hecho el mismo Borges confiesa que al revisar sus ‘Otras inquisiciones’ descubre la tendencia de “[…] estimar las ideas […] filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y de maravilloso”[54].
Los sabios de Tlön “Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica”[55], me parece que ese juicio puede ser extensivo a su creador.
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[1] Borges, Jorge Luis. “Nueva refutación del tiempo” en Otras inquisiciones. España: Ed. Alianza, 1998. Pág. 260.
[2] Cfr. Berkeley, George. Principios del conocimiento humano. 4ta edición. Argentina: Ed. Aguilar, 1974. Pág. 61. Lo pongo en latín con la evidente intención de que suene más pomposo, además de que así lo ha consagrado la tradición, desde luego por el mismo motivo.
[3]Ibíd. Pág. 59. La cita original contiene cursivas que omitimos y lo haremos así de aquí en adelante.
Recuerdo bien que se recomendó poner en un párrafo aparte las citas de más de tres líneas pero me permito esta licencia, primero, porque me parece que el texto así lo requiere y, segundo, porque Borges así lo hace y me siento ahora imbuido de ese espíritu borgiano, aunque tengo plena conciencia de que esto es una falacia ad verecundiam.
[4] Cfr. Berkeley Óp. cit. Pág. 54.
[5]Óp. cit. Berkeley. Pág. 39.
[6] Ibíd. Pág. 64. Me gustaría puntualizar para evitar dificultades que para Berkeley espíritu, alma y mente son lo mismo. Sospecho puede ser también un problema de la traducción.
[7] Ibíd. Pág. 66.
[8] Porque percibir es tener ideas, y sólo lo que tiene mente (substancias espirituales) puede tener ideas, sería absurdo decir que un cigarrillo tiene ideas.
[9] Ibíd. Pág. 151.
[10] Ibíd. pág. 152.
[11] Berkeley citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[12] Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía. Tomo II. España: Ed. Ariel, 2004. Pág. 1708.
[13] Ídem.
[14] Ídem.
[15] Ibíd. Pág. 1709.
[16] Ídem.
[17] Hume citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[18] Óp. cit. Berkeley. Pág. 135.
[19] Hume citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[20] Óp. cit. Borges pág. 265.
[21] Borges, Jorge Luis. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” en Bierce, Ambrose (Et al.). Cuentos inolvidables según Julio Cortázar. Uruguay: Ed. Alfaguara. 2009. Pág. 36-37.
[22] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 265.
[23] Óp. cit. Borges. Tlön… Pág. 38.
[24] Cfr. San Agustín. Confesiones. Madrid: B.A.C. 2004. Pág. 399. Confróntenlo y notarán el sospechoso parecido que huele a pólvora quemada, entiéndase fusil, lo que denota que después de todo no estaban tan al margen de nuestra cultura.
[25] Lo que seguramente evidencia mi ignorancia.
[26] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 267.
[27] Ídem.
[28] Ídem.
[29] Ibíd. Pág. 283.
[30] Ibíd. Pág.261.
[31] De verdad espero que no suceda.
[32] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 283.
[33] Eternidad como todo el tiempo. Cfr. Platón. La república. España: Ed. Alianza. 2001. Pág. 581 (608d).
[34] Cfr. Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 284.
[35] Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación. Tomo I. España: Ed. F.C.E. 2005. Pág. 85 (3).
[36] Ibíd. pág. 85 (3).
[37] Ibíd. pág. 85 (4). Para dejarlo claro, el mundo es objeto en relación con el sujeto porque la representación que es un objeto, por ejemplo esta hoja de papel que tengo en mis manos, necesita que alguien se lo represente para ser representación, sino ¿cómo?
[38] Ibíd. pág. 87 (5).
[39] Para una explicación más detallada consúltense los siete primeros parágrafos del primer tomo del mundo como voluntad y representación.
[40] Kant, Immanuel. Crítica de la razón pura. México: Ed. Taurus. 2008. Pág. 67 (A22).
[41] Óp. cit. Schopenhauer. Pág. 93 (13)
[42] Ibíd. pág. 90 (9).
[43] Ídem.
[44] Ibíd. pág. 90 (10).
[45] Ibíd. pág. 91 (10).
[46] Ídem.
[47] Ibíd. pág. 92 (11).
[48] Ídem.
[49] Cfr. Ibíd. pág. 94 (14).
[50] Cfr. Schopenhauer. Pág. 92 (12).
[51] Óp. cit. Schopenhauer. Pág. 113 (35).
[52] Ibíd. pág. 113 (36).
[53] Ojo, no por eso me aventuro a decir que es la verdad, sólo emito mi humilde juicio de aprobación.
[54] Óp. cit. Borges. Otras inquisiciones. Pág. 293.
[55] Óp. cit. Borges. Tlön… Pág. 37.

lunes, 24 de agosto de 2009

Analogía inspirada en el post anterior

Así como lo bueno, breve, dos veces bueno; lo malo, largo, dos veces malo.

Ensayo condenado al olvido

“mi olvido me va a costar 800 pesos”
Mi madre hablando de sus recargos por morosa

Esta vez, contrario a mi (mala) costumbre, no trataré de dilucidar naturalezas ni revelar su carácter, entre otras cosas porque hoy no estoy de humor para fracasar, además, no sé qué es el olvido y no me siento en condiciones de develarlo. El desconocer qué es, no es algo que me cause demasiado pesar, después de todo nadie, en su sano juicio, se aflige por la carencia de lo no indispensable, como es el caso del conocimiento por deporte. Lo que ninguno tolera es que se les despoje de lo poseído y eso es precisamente lo que sucede cuando olvidas, pierdes el conocimiento que otrora tenías, me permito hacer gala del lenguaje especializado con su consecuente pedantería (ji ji):
PSfp ˄ ¬Sfp[1].
Ojeando fotos, me encontré una de mi madre en la cual al fondo se divisaba mi lonchera de rejita con la que jugaba a que era la prisión de mis G. I. Joe y donde mi hermana me ponía de lunch salchichas en rueditas embadurnadas con una desagradable mezcla de aceite frío y cátsup (recordándolas las odio tanto como entonces). Tenía años que no reparaba en mi lonchera y en lo que significó para mí, ciertamente tuvo una función bastante modesta y no fue determinante en mi persona, pero forma parte de mi historia y perder su recuerdo habría implicado perder parte de mí, como dice la rola: all you touch and all you see is all your life, will ever be.
Olvidar es un ultraje, una vejación ante la cual nos encontramos indefensos, es una peste como bien escribió el Gabo cuando Rebeca llevó el insomnio a Macondo. Con éste, se acarreaba la paulatina pérdida de la memoria, y las artimañas de etiquetar las cosas con su nombre y utilidad no hubieran sido suficientes para vencer al olvido cuando éste alcanzara al lenguaje escrito. Macondo, para su fortuna, contaba con la sabiduría de Melquiades, que conocía la cura, nosotros, pura de árabe!, si bien no estamos condenados a la pérdida absoluta de la memoria, salvo las desgraciadas víctimas del alzhéimer, pareciera que el olvido nos pertenece y para nuestra desventura no tenemos un Melquiades y el ginsen se muestra como un guardián poco eficaz de los gigas de información de los que somos despojados sutil, pero constantemente.
Curiosamente, san Agustín dice que la mejor arma que tenemos contra el olvido es el olvido mismo, que “[…] está presente para que no nos olvidemos de las cosas que olvidamos […]”[2], como en los casos en que se olvida y se es consciente de ello y, a través del esfuerzo y el ahínco, recordamos. Pero hay un tipo especial de nociones e imágenes que nos resultan inefables y, a pesar de ello (de hecho precisamente por ello), éstas son las que demuestran nuestro fracaso frente a los embates del olvido y el corto alcance de la estrategia agustiniana. Las nociones e imágenes a las que me refiero son las que hemos perdido para siempre, y que precisamente por esa condición no podemos expresar, lo más cercano que encuentro para ejemplificarlo es mi lonchera de rejita, que de no ser por la foto hubiera olvidado para siempre. Estos recuerdos, si así les podemos llamar, nos han sido arrebatados y estimando los que aún conservo, me parece que los primeros son la mayoría.
Me azoto mucho con eso del olvido no? La neta no sé qué sea y me resulta difícil idear un modo de hacerle frente, yo creo que lo mejor es irla pasando y no preocuparse demás por él, pues así como Séneca condena a los que descuidan el presente atendiendo al futuro, merecen condena los que lo descuidan atendiendo al pasado.
P.D. No me gustó.

[1] Sirviéndonos de operadores de la lógica temporal y epistémica: fulano sabía algo y ya no lo sabe.
[2]San Agustín. Confesiones. Madrid, B.A.C. 1986. Pág. 331.

miércoles, 12 de agosto de 2009

México vs E. U.

En la final de la copa dorada,
campeonato de calidad dudosa,
llegó con pizarra escandalosa
la victoria diez años esperada.

La copa no importa, no vale nada,
digamos que era de a mentis la cosa;
la cuestión que resulta hoy forzosa,
es ver en el azteca derrotada

a la escuadra del vecino del norte.
Vamos muchachos, vamos, no sean gachos!
Que los gringos no se salgan del huacal.

Todos haciendo su debido aporte
vamos a darle duro a los gabachos
y que degusten el chile nacional!

viernes, 17 de julio de 2009

La afición


¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!
Enrique ‘el perro’ Bermúdez

Poco antes de que empezara el partido de la selección, mi vieja me inquiría sobre la causa por la que sigo con tesón al tricolor, además de mi deseo de ver el juego, si sabía de antemano que iba a ser malo (y enunciaba verdad). Al parecer, el buen juicio me abandonó y respondí: porque soy aficionado. Ciertamente mi respuesta sonó pobre, pero, aún después de la reflexión, considero que es la mejor justificación que puedo dar.
La relación afición-equipo (muy a mi pesar) escapa del dominio racional, es más adecuado situarla en el orden de lo emotivo. Para corroborarlo, hay suficiente evidencia; por ejemplo, que la gente se organice en porras y establezca convenciones y ritos para la ceremonia del partido, pues, ¿por qué alguien mueve su brazo al ritmo del tomahauk para alentar al bateador?, ¿quién le compone una canción de mala calidad al Cruz azul o al América, sino un aficionado carente de ingenio y creatividad pero con mucha pasión?, o ¿quién las cantaría sino otro sujeto que comparte esos atributos?
Hace no mucho, cuando descendió el Necaxa, un tipo bien pedo declaraba, con voz quebrada y lágrimas en los ojos, quiero agradecerles por todos los buenos momentos que nos dieron en los noventas y los espero ¡porque van a regresar! Estoy seguro que el dolor de este sujeto es compartido por toda la hinchada de rayos. También me asalta el recuerdo del último partido de la temporada regular 2007 entre Pericos y Saraperos, cuando, en la novena entrada, Donny León tomó turno al bat para ganar el partido, asegurar el tercer lugar de la segunda vuelta para los emplumados y confirmar sus títulos de home runs, carreras producidas y slugging. Todo el parque gritaba: ¡Donny Donny…! y el cuarto madero pegó sencillo remolcador mientras la afición jubilosa continuaba invocándole. Éste, dejándonos una estampa memorable, quitándose el casco, se acercó a la tribuna para agradecer el gesto. Para el siguiente año, cuando el borinqueño regresó al Serdán vistiendo la franela de los Vaqueros, fue recibido con una rechifla aparentemente de animadversión aunque en el fondo se adivinaba la nostalgia. Todo lo anterior constata el carácter emotivo y torpe de la afición, similar al enamoramiento del adolescente.
El aficionado escoge sus colores por razones nimias e intrascendentes, no sé si sea por costumbre o por el afán de competir, pero éstos se arraigan en nuestra persona profundamente y se funden con ella, es ciertamente accidental, y un análisis racional no demasiado arduo lo haría patente, sin embargo, tomando en su justa medida la relación aficionado-equipo, es decir, en el plano emotivo, es innegable que nuestra naturaleza adquiere el color elegido con tinte indeleble.

domingo, 21 de junio de 2009

Dos nuevos haikus a la mexicana

Si a ti te pica
y no tienes lombrices,
mucho ojo eh!

Vegetariano,
pero pepino, paso!
nomás papaya.

No me molesten

Si alguna vez pensaron recibir
algo de su modesta servilleta,
que iba a ser un licenciado maleta,
o que iba a aprender a conducir,

lamento teneros que desdecir,
ya que de mamadas estoy a dieta
soy un apático huevón, la neta,
por qué no me dejan en paz vivir.

Si por mi actuar me juzgases perdedor,
si leo en gredos, pero escribo en jerga,
si un día deje de ser valedor

y ni ganas tengo de ir de juerga,
todos, salvo usted estimado lector,
por mi pueden irse mucho a la verga.

martes, 16 de junio de 2009

Con overol y mostacho

Al demo, que luego luego le va a atinar quiénes son.

Con overol y mostacho peculiar
par de personajes voy a referir,
te pido no te vayas a confundir,
pues ambos son de dominio popular:

Chico che, que es el que nos hace bailar
y con sus letras nos hace reír;
el otro, también es fácil de inferir,
Mario Bross, el fontanero superstar.

Uno, con tres vidas, vence a la muerte,
total, comiendo hongos se asegura
de vivir pa’cuidar a su princesa.

El otro, no corrió con tanta suerte,
pues halló el camino a la sepultura
en un pasón de chochos con cerveza.

sábado, 13 de junio de 2009

La poesía como responsabilidad

A Imelda, quien me movió a leer el Ion once more.
Todo aquél que haya tenido la intención de escribir, seguramente se topó con lo imponente que se presenta por primera vez la hoja en blanco, ese vacío, esa blancura tan poderosa, tan intimidatoria que nuestra mente aprehende al grado de mimetizarse con ella poniéndose precisamente, en blanco. Hay quienes afirman que las musas en ese momento llegan a rescatarlos y les iluminan el seso, es decir, los inspiran (otros nos quedamos con la hoja en blanco). Sería, a mi juicio, desatinado decir que Platón comparte cabalmente esta posición, pues él la lleva al extremo. Sostiene que los poetas no son buenos porque tengan ideas brillantes, porque tengan una óptica diferente de la realidad, o mejor aún, porque tengan la competencia de exponer con gracia la más humilde de las nimiedades, “[…] sino porque están endiosados y posesos” (Ion, 533e). En este contexto, el poeta mientras poetiza no es él mismo, la divinidad se apodera de él y es ésta la que habla sirviéndose de su pluma, la razón lo abandona y “[m]ientras pose[e] este don, le es imposible […] poetizar y profetizar” (Ion, 534b). En resumen, y en palabras del mismo Platón, el poeta es un demente.
Pero este calificativo no es algo que preocupe al artista en general, muchos han sido tildados de locos y es cosa que les importa poco y que nada afecta a su creación, pero a mí sí me interesa e incluso me indigna, a continuación presento mis motivos, no sin antes aclarar que lo que me mueve a pensar tales cosas es la razón y no la vanidad.
Poesía proviene del griego poien que significa hacer, de este modo, un poema (poiêma) es una cosa hecha y el poeta (poiêtês) un hacedor. Por otro lado, un acto, y la consecuencia de éste, sólo puede ser juzgado si se realiza con conciencia y libertad, según reza en los manuales de ética (en los decentes) que no hay necesidad de citar. Si aceptamos lo anterior, se sigue necesariamente que el poeta[1], en su calidad de productor, debe responder tanto por sus acciones como por su producción, conclusión para nada sorprendente pero de enorme trascendencia. Si el poeta fuese un inspirado, una mera herramienta de la divinidad, como Platón decía, no sería libre, se vería reducido a la calidad de escribano, si no es que a la de secretaria de la musa, y al terminar la película, su nombre saldría en letras chiquitas y hasta el último, cuando todos ya dejaron la sala. Si, en cambio, fuera un demente, no sería consciente y no podría dar razón de sus escritos. En ambos casos, el poeta no sería sujeto de valoración, es decir, no podría ser responsable de su producción, es verdad que así no tendría que dar la cara si algo sale mal, pero de igual modo perdería la oportunidad de llevarse las loas si la producción es aceptable y digna de aplauso, de lo que no sólo tiene el derecho sino el deber.
Como el poiêma es fruto del pensamiento libre del escritor y de su reflexión consciente, no me queda más que decir salvo que el poeta es responsable del primero y merece, para él solo, tanto la alabanza como la condena (y eventualmente el beneficio económico que, de no ser así, tendría que ir a parar a las arcas de alguna secta adoradora de las divinidades griegas).

[1] Este juicio puede ser extensivo al literato en general pues en la Grecia antigua carecían de otros géneros.

martes, 9 de junio de 2009

Dos haikus a la mexicana

Pinche animalón
resulta ser el pitón,
te mete un susto.


Domingo siete
y el marcador dos uno,
vaya decepción!

miércoles, 3 de junio de 2009

Apología de un huevón

Ya no quiero trabajar cuz im so lazy,
ni siquiera trasnochar cuz im so lazy,
sólo quiero descanzar
y que me dejen en paz,
quisiera el mundo cambiar, but im so lazy

Kevin Johansen


Soy un huevón; mi madre lo dice, mi novia lo dice, mi jefe lo dice, mis amigos lo saben y yo lo asumo. Pero el motivo de este ensayo no es vanagloriarme de mi calidad de holgazán, la cual tampoco me avergüenza, sino presentar una justificación (excusas?) de mi incompatibilidad con la actividad planeada, organizada, calendarizada y voluntariamente aceptada que usualmente llamamos trabajo.

Karl Jaspers afirma que el trabajo es “un rasgo fundamental del ser humano”, es decir, una característica esencial, causa formal, algo inherente a nuestra naturaleza cuya ausencia acarrearía irremediablemente el menoscabo de nuestra humanidad, algo así como lo amarillo de los Simpsons. No obstante, el trabajo requiere esfuerzo y es desgastante, en otras palabras, produce sufrimiento y no sólo eso, sino que además anula nuestra voluntad, salvo nuestra voluntad de sufrir, me explico, el soportar jornadas de ocho horas día tras día con una semana de vacaciones al año como limosna, volverse esclavo del despertador que no entiende de crudas ni de insomnio, apropiarse, o fingir apropiarse, de la ‘filosofía’ de la empresa sistemáticamente va consumiendo la energía de los individuos, por otro lado, la voluntad del individuo se ve disipada al asumir las disposiciones de sus superiores sin cuestionarlas y no dar tregua a sus más inocentes voliciones como el matinal “diez minutitos más”, todo esto orientado por el deseo de conservar el empleo, es decir, por el deseo de seguir sufriendo. Sin embargo, el trabajo nos hace humanos.

Si el trabajo es un rasgo fundamental de lo humano, podemos inferir que la esencia de lo humano, o por lo menos parte de ella, es sufrir voluntariamente; y de ser el caso, prefiero no ser humano y seguir siendo un huevón.

El símbolo patrio

El himno y la bandera tricolor,
como el escudo que la engalana,
símbolos de mi patria mexicana
son como se dice en tono mamador.

Pero lo que más nos colma de honor,
a los de Puebla, Cancún y Tijuana,
es la selección, y más cuando gana!
de otro modo nos llenamos de dolor.

Y aunque los gringos nos hayan vencido
aún queremos a la camiseta,
que no por perder recibe manchones,

ya los veremos en otro partido
para poder gritarles en la jeta:
que viva, VIVA MÉXICO CABRONES!

martes, 2 de junio de 2009

Presentación 2

Que mala fortuna la del soneto
que, pudiendo recitarle al amor,
tiñe sus líneas del opaco color
que brota de la pluma de un sujeto.

Pero te voy a contar un secreto,
el que suscribe, y se dice autor,
aunque a veces vulgariza su labor,
por su arte siente aún respeto

y por esta razón se compromete
a escribir sólo líneas jocosas,
para eso estará siempre alerta!

Y pa’que no digan que soy ojete,
una vez bien aclaradas las cosas,
solamente pido: que se divierta!

Presentación

Qué tal estimados lectores (por el momento sólo Beno, aunque algún día serán millones):
Es un placer para mí presentarles mi blog titulado sonetos netos, este será un espacio dedicado no sólo a la poesía, sino al cuento, al ensayo y a todo divague digno de ser entregado y (ex)puesto a vuestra consideración. Tengo entendido que Glauco Mattoso ya publicó un libro llamado sonetos netos, pero como yo no lo sabía y a mí se me ocurrió independientemente de él, me permitiré la licencia de compartir el nombre (espero no se empute, seguramente ni se enterará), además, considero que lo que describe mejor lo que contendrá el blog es precisamente el mote de neto. Todo lo publicado será pura neta de varil a varil (aunque mi único lector sea bien mamador), es un compromiso.

martes, 26 de mayo de 2009

hola

voy a pescar


adios