Para todo aquel que se digne a leerlo completo
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Borges es un escritor peculiar, en sus textos gusta de tratar temas que la convención considera propios de la ciencia o la filosofía, sin embargo, los aborda con una óptica singular y una libertad propias de su oficio, la literatura. La cuestión que examinaremos hoy no es la excepción, el tiempo interesó mucho a Borges y su tratamiento, o su refutación, se encuentra en gran parte de sus escritos, como él mismo dice: “[e]sa refutación está de algún modo en todos mis libros”
[1].
Ya hemos adelantado que Borges pretende refutar al tiempo, pero antes de ver de qué se trata dicha refutación y de reconstruir su argumentación, revisemos algunas nociones de las que se vale y que también le movieron, o le orillaron, a formular la misma.
Berkeley o la negación del espacio
Todo el que esté más o menos versado en filosofía sabe, aunque no haya leído ninguno de sus libros, que la tesis más importante de George Berkeley es:
ese es pecipi[2]. El trasfondo de está audaz afirmación es su doctrina idealista. Para Berkeley todo lo susceptible de conocimiento, o sea todo salvo las substancias capaces de percibir, es idea. Ya sean “[…] ideas impresas realmente en los sentidos, o […] percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o […] ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria […] o […] mediante la representación de las ideas percibidas originariamente […]”
[3], todas son ideas.
Cabe mencionar, a modo de digresión, que las ideas según Berkeley son de naturaleza concreta o, a decir de él, particular
[4] y “[…] no [se] pued[e] admitir […] que existan ideas generales abstractas”
[5], la razón que arguye es que al representarnos los objetos, v. g. el hombre, siempre concebimos una idea concreta, nos representamos a un hombre particular con características específicas, por ejemplo, determinado color o estatura, y nunca podemos imaginar a un hombre que contenga las características de todos los hombres, más aún, en la idea de hombre, como especie, no cabe concebir al mismo tiempo al varón y a la mujer por cualidades físicas claramente inconciliables.
Volviendo a nuestro asunto, si el ser de las cosas consiste en que se les perciba, y el percibir es una actividad intelectual, es decir, sólo percepción de ideas, entonces las substancias materiales sobran y “[…] no hay otras sustancias sino las espirituales, esto es, las que son capaces de percibir”
[6], además, no puede haber substancias materiales porque por lo menos tendrían extensión y figura y éstas cualidades “[…] no son más que ideas […]”
[7], las cuales no pueden existir en una substancia que no perciba
[8].
El espacio puro no puede existir “[…] ya que se trata de una idea en extremo abstracta”
[9], aparte de que sin materia que lo llene es inconcebible. El decir que hay espacio significa “[…] que yo imagino que mi cuerpo podría moverse en todas las direcciones sin la menor resistencia; pero si este […] fuera aniquilado, […] tampoco habría espacio”
[10].
Si bien Berkeley niega la existencia de la materia y del espacio absoluto, afirma la identidad personal ya que, recordemos, sólo hay substancias capaces de percibir, y nosotros percibimos, y “yo no meramente soy mis ideas, sino otra cosa: un principio activo y pensante”
[11], es decir, una substancia, una individualidad. Esta misma, la niega Hume.
Hume o la negación del yo
Debido al análisis al que Hume somete a las ideas, concluye que las nociones de existencia, relación causal y substancia son falsas e ilusorias.
Hume dice que no hay algo que pueda llamarse existencia, pues esto es redundante, además de que no se puede pensar la existencia como independiente del objeto que consideramos existente. “La idea de existencia no agrega nada a la idea de un objeto: ‘objeto’ y ‘objeto existente’ son expresiones sinónimas”
[12].
Respecto de la causalidad Hume opina que como las relaciones causales son proposiciones sobre hechos, no entrañan necesidad. Como en la experiencia a un cierto hecho le sucede otro “[…] el primero es llamado ‘causa’ y el segundo efecto’”
[13], pero esto solamente es producto de la asociación de ideas, dicho de otro modo, “[…] el efecto no está contenido necesariamente en la causa […]”
[14].
La cuestión sobre la substancia se soluciona de modo similar al de la existencia. “No hay ninguna realidad que se llame ‘substancia’”
[15], ésta es una colección de ideas simples que la imaginación une. “No hay, pues, las cualidades de una cosa más su substancia”
[16].
Respecto de la substancia espiritual de la que habla Berkeley, Hume la llama ‘yo’ (
self) a la vez que la niega. Cuando consideramos al yo no podemos aislarlo de las percepciones que éste tiene, por eso concluye que el sujeto o yo es “una colección o atadura de percepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez”
[17] y nunca más que eso, es decir, una substancia.
Refutación del tiempo
Bosquejadas estas nociones tenemos las herramientas necesarias para exponer y, lo más importante, entender la refutación que hace Borges del tiempo.
Berkeley niega la materia y el espacio, por su parte Hume niega la identidad personal, en éste sentido Borges está de acuerdo con ellos; sin embargo, ambos afirman el tiempo, Berkeley como “[…] sucesión de ideas que en mi mente fluyen de modo uniforme […]”
[18] y Hume como “una sucesión de momentos indivisibles”
[19].
En este punto, el mismo Borges dice que estamos adentrándonos en un mundo mental sin materia ni espíritu, “[…] un mundo sin la arquitectura ideal del espacio; un mundo hecho de tiempo […]”
[20], concepción similar a la que se le atribuye a los habitantes de Uqbar quienes “[…] conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio, sino de modo sucesivo en el tiempo”
[21]. Pero Borges no se detiene ahí, y considera que “[n]egados el espíritu y la materia […], negado también el espacio, no tenemos derecho a esa continuidad que es el tiempo”
[22]; algunos sabios de Tlön también niegan el tiempo, pues “[…] razona[n] que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”
[23], cabe hacer notar que esos sabios, que presuntamente están al margen de la cultura occidental, o más bien terrestre, tienen un sospechoso parecido con san Agustín
[24].
Borges reconoce en la naturaleza del tiempo dos aspectos, lo cual me parece muy original pues no he encontrado una concepción similar en ningún otro autor
[25], la sucesión y la contemporaneidad, aunque lamentablemente es una tesis no desarrollada pues inmediatamente la niega: “Niego en un elevado número de casos, lo sucesivo; niego, en un número elevado de casos, lo contemporáneo también”
[26].
Pero si se niegan estas dos caras del tiempo ¿qué nos queda?, ¿cuál es el orden de la realidad si es que hay alguno?, ¿cómo podemos explicar los acontecimientos?; la respuesta de Borges es simple, “[…] cada estado que vivimos es absoluto […]”
[27] y “[c]ada instante es autónomo”
[28]. “[…] [S]i cada término es absoluto, sus relaciones se reducen a la conciencia de que esas relaciones existen”
[29], es decir, un momento precede a otro o le es contemporáneo en la medida en que los sabemos contemporáneos o sucesivos, pero no es una propiedad intrínseca de los instantes, es más bien aparente.
Con esto pareciera concluida la cuestión, sin embargo, no es el caso. Al principio de la primera nueva refutación del tiempo Borges dice que dos argumentos le sugirieron dicha refutación: “el idealismo de Berkeley […] [y] el principio de los indiscernibles, de Leibniz”
[30], el primero ya está tratado, ahora entra en escena el segundo.
Para explicar la realidad se esboza la idea de la independencia de los instantes, pero quizá ésta también sea sólo ilusoria y en realidad haya un número determinado de instantes, tal vez sólo uno. Pensemos en el dolor, la decepción y la frustración que sintieron Benjamín Galindo, Zague, García Azpe y demás seleccionados cuando perdieron en penaltis contra Bulgaria los octavos de final del mundial del 94. Ahora supongamos
[31] que en el mundial de Sudáfrica se perdiera en octavos de final y en penaltis contra, se me ocurre, Camerún, ¿no serían idénticos la decepción, el dolor y la frustración que sentirían los miembros de nuestro conjunto nacional? Yo diría que no, sin embargo Borges diría que sí y aventuraría: “[e]sos instantes que coinciden, ¿no son el mismo?”
[32] Basados en el principio de los indiscernibles Borges concluye que son el mismo instante, varían los accidentes, en nuestro ejemplo el color de la camiseta y el estadio, pero lo esencial se mantiene, y si tomamos una muestra más abigarrada de instantes, podemos encontrar también similitudes que sugieren un solo instante, quiero decir: Eternidad, eternidad al modo de Platón
[33] como el mismo Borges sugiere
[34].
De este modo el examen del tiempo conduce a Borges a la negación del tiempo en tanto sucesión, así como en cuanto contemporaneidad, pero también a la afirmación de la eternidad.
Schopenhauer: una razonable alternativa
Después de repasar la concepción que Borges tiene del tiempo, cabe preguntarse, me parece inevitable, si es razonable y verosímil su postura. Mi opinión es que no. La tesis de Borges no me convence del todo, de hecho no me convence en lo más mínimo: considero que sí hay espacio, y materia que lo ocupe, que sí hay sujeto y, finalmente, que sí hay tiempo. Para justificar estas afirmaciones me apoyaré en el gran filósofo Schopenhauer.
El mundo como voluntad y representación comienza así: “El mundo es mi representación […]”
[35]. Esta afirmación “[…] es el enunciado de aquella forma de toda experiencia posible […], la forma más general […], más que el tiempo, el espacio y la causalidad […]”
[36], ¿Qué quiere decir esto?, que el mundo, por lo menos en el plano cognoscitivo, “[…] sólo es objeto en relación con el sujeto […]”
[37]. El sujeto así, “[…] es el sostén del mundo, la condición sempiternamente presupuesta de cuanto se manifiesta, de todo objeto”
[38]. En este caso el sujeto no es una substancia, pero esto no va en menoscabo de su status, pues, como ya se dijo, es una condición para la manifestación del mundo, como queda claro, es de una naturaleza distinta de éste. Considero que con esto queda suficientemente fundamentado que hay sujeto, es decir, una identidad personal
[39].
Berkeley, y Borges lo sigue, considera que no hay espacio porque todo es idea. Si la materia es todo lo que ocupa un lugar en el espacio, el espacio es todo lo ocupado por la materia, pero si no hay materia, pues todo es idea, no hay espacio. Borges, por su parte, le otorga al tiempo la calidad de eternidad. Revisemos que dice Schopenhauer.
Kant considera al tiempo y al espacio como dos “[…] formas puras de la intuición sensible como principios del conocimiento
a priori […]”
[40], Schopenhauer adopta esta concepción entendiendo por sensibilidad “[e]l correlato subjetivo del tiempo y el espacio, en cuanto formas vacías […]”
[41].
El tiempo es una forma del principio de razón, “[…] la sucesión es la esencia global del tiempo”
[42], el espacio es “[…] la posibilidad de la recíproca determinación de sus partes entre sí, a la que se denomina ubicación”
[43] mientras que la materia “[…] no es sino causalidad […]”
[44] (causa y efecto), “[…] su ser es su obrar y ni siquiera es posible pensar otro ser de la materia”
[45].
El tiempo y el espacio se dejan representar por sí mismos, mientras que la materia “[…] no se deja representar sin ellos”
[46], además, la ley de causalidad rige la variación de los estados pero en la simultaneidad, es decir, en un tiempo y un espacio determinados. “En consecuencia la causalidad une al espacio con el tiempo”
[47]. Más aún, “[…] la materia da lugar a la simultaneidad […]”
[48] pues es ella quien une al tiempo con el espacio (en tanto la representa el entendimiento
[49]), pues ésta no se puede dar sólo en el espacio, ni sólo en el tiempo, pues recordemos que su ser es su actuar.
Para Schopenhauer el tiempo y el espacio son las formas en las que se presenta el objeto para el sujeto, es decir, la representación se desdobla en objeto para el sujeto bajo las formas del tiempo y el espacio. Por otro lado la materia sí es substancia, de hecho substancia y materia son lo mismo
[50].
Aclarado que el sujeto es la condición para que se dé la realidad efectiva (
wirklichtkeit), que tiempo y espacio son las formas bajo las que se presentan los objetos y que la materia, al ser causalidad, une al tiempo y al espacio, sólo me queda una cosa por aclarar.
Si el tiempo solamente se da en cuanto el sujeto se representa un objeto, ¿Cómo podemos explicar, por ejemplo, que se hayan encontrado piedras datadas muy anteriores a cualquier organismo cognoscente? La respuesta no es tan sencilla, pero esa carencia la retribuye con contundencia, “[…] la existencia del mundo entero […] depend[e] […] de este primer ojo que se abrió, aún cuando fuera de un insecto […]”
[51], pues, el mundo como representación sólo puede concebirse “[…] por y para el conocimiento […]” y requiere del sujeto como fundamento de su existencia, por tanto “[…] todo […] [el] tiempo […] sólo resulta pensable en la identidad de una conciencia […]”
[52] y esas piedras, y todos los demás objetos, cobran realidad, y vejez o novedad, cuando hay un sujeto que los pueda intuir.
Las necesarias conclusiones
Con lo arriba redactado se hace sobremanera patente que concluyo que la concepción de Borges es inverosímil y poco razonable, y que la explicación que da Schopenhauer es más adecuada
[53]; sin embargo, no creo que esto sea algo que le hubiera importado mucho a Borges, pues, si bien, la aspiración del filósofo es decir la verdad, la del literato, y en especial la de un literato como el que tratamos, es distinta. A Borges le interesa más crear mundos que explicar el que habitamos, de ahí su tendencia de tomar con cierto desenfado esos temas. De hecho el mismo Borges confiesa que al revisar sus ‘Otras inquisiciones’ descubre la tendencia de “[…] estimar las ideas […] filosóficas por su valor estético y aun por lo que encierran de singular y de maravilloso”
[54].
Los sabios de Tlön “Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica”
[55], me parece que ese juicio puede ser extensivo a su creador.
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[1] Borges, Jorge Luis. “Nueva refutación del tiempo” en Otras inquisiciones. España: Ed. Alianza, 1998. Pág. 260.
[2] Cfr. Berkeley, George. Principios del conocimiento humano. 4ta edición. Argentina: Ed. Aguilar, 1974. Pág. 61. Lo pongo en latín con la evidente intención de que suene más pomposo, además de que así lo ha consagrado la tradición, desde luego por el mismo motivo.
[3]Ibíd. Pág. 59. La cita original contiene cursivas que omitimos y lo haremos así de aquí en adelante.
Recuerdo bien que se recomendó poner en un párrafo aparte las citas de más de tres líneas pero me permito esta licencia, primero, porque me parece que el texto así lo requiere y, segundo, porque Borges así lo hace y me siento ahora imbuido de ese espíritu borgiano, aunque tengo plena conciencia de que esto es una falacia ad verecundiam.
[4] Cfr. Berkeley Óp. cit. Pág. 54.
[5]Óp. cit. Berkeley. Pág. 39.
[6] Ibíd. Pág. 64. Me gustaría puntualizar para evitar dificultades que para Berkeley espíritu, alma y mente son lo mismo. Sospecho puede ser también un problema de la traducción.
[7] Ibíd. Pág. 66.
[8] Porque percibir es tener ideas, y sólo lo que tiene mente (substancias espirituales) puede tener ideas, sería absurdo decir que un cigarrillo tiene ideas.
[9] Ibíd. Pág. 151.
[10] Ibíd. pág. 152.
[11] Berkeley citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[12] Ferrater Mora, José. Diccionario de filosofía. Tomo II. España: Ed. Ariel, 2004. Pág. 1708.
[13] Ídem.
[14] Ídem.
[15] Ibíd. Pág. 1709.
[16] Ídem.
[17] Hume citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[18] Óp. cit. Berkeley. Pág. 135.
[19] Hume citado por Borges en “Nueva refutación del tiempo”. Pág. 264.
[20] Óp. cit. Borges pág. 265.
[21] Borges, Jorge Luis. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” en Bierce, Ambrose (Et al.). Cuentos inolvidables según Julio Cortázar. Uruguay: Ed. Alfaguara. 2009. Pág. 36-37.
[22] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 265.
[23] Óp. cit. Borges. Tlön… Pág. 38.
[24] Cfr. San Agustín. Confesiones. Madrid: B.A.C. 2004. Pág. 399. Confróntenlo y notarán el sospechoso parecido que huele a pólvora quemada, entiéndase fusil, lo que denota que después de todo no estaban tan al margen de nuestra cultura.
[25] Lo que seguramente evidencia mi ignorancia.
[26] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 267.
[27] Ídem.
[28] Ídem.
[29] Ibíd. Pág. 283.
[30] Ibíd. Pág.261.
[31] De verdad espero que no suceda.
[32] Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 283.
[33] Eternidad como todo el tiempo. Cfr. Platón. La república. España: Ed. Alianza. 2001. Pág. 581 (608d).
[34] Cfr. Óp. cit. Borges. Nueva… Pág. 284.
[35] Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación. Tomo I. España: Ed. F.C.E. 2005. Pág. 85 (3).
[36] Ibíd. pág. 85 (3).
[37] Ibíd. pág. 85 (4). Para dejarlo claro, el mundo es objeto en relación con el sujeto porque la representación que es un objeto, por ejemplo esta hoja de papel que tengo en mis manos, necesita que alguien se lo represente para ser representación, sino ¿cómo?
[38] Ibíd. pág. 87 (5).
[39] Para una explicación más detallada consúltense los siete primeros parágrafos del primer tomo del mundo como voluntad y representación.
[40] Kant, Immanuel. Crítica de la razón pura. México: Ed. Taurus. 2008. Pág. 67 (A22).
[41] Óp. cit. Schopenhauer. Pág. 93 (13)
[42] Ibíd. pág. 90 (9).
[43] Ídem.
[44] Ibíd. pág. 90 (10).
[45] Ibíd. pág. 91 (10).
[46] Ídem.
[47] Ibíd. pág. 92 (11).
[48] Ídem.
[49] Cfr. Ibíd. pág. 94 (14).
[50] Cfr. Schopenhauer. Pág. 92 (12).
[51] Óp. cit. Schopenhauer. Pág. 113 (35).
[52] Ibíd. pág. 113 (36).
[53] Ojo, no por eso me aventuro a decir que es la verdad, sólo emito mi humilde juicio de aprobación.
[54] Óp. cit. Borges. Otras inquisiciones. Pág. 293.
[55] Óp. cit. Borges. Tlön… Pág. 37.