Condenado a muerte, el joven Aguilulfo esperaba el alba en
la mazmorra. Al salir el sol, sería conducido a la plaza pública, dónde le
esperaban el látigo, el potro, la pira y los perros salvajes para devorar sus
despojos. Su pena apenas correspondía a la magnitud de lo que el consejo de
sacerdotes consideraba una abominable y execrable heterodoxia, por lo que
prudentemente le imputaba los cargos de herejía, brujería, alteración el orden
público y corrupción de los jóvenes.
Aguilulfo, apodado “El Insensato”, había negado el santo
dogma del edén primitivo, pregonado en público sus aventurados delirios. Si
bien aceptaba el natalicio primigenio de Vasni, hijo de Abraham y Saray,
aseguraba que, en una circunstancia transmundana, su concepción se debía a la
violación, y no a la cópula consentida; que su nacimiento fue posterior a 2
abortos de Saray; o que, incluso, Vasni era fruto de una inmaculada concepción
por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo.
Asimismo, sostenía que hay otros múltiples- infinitos-
virtuales escenarios en los que se habían realizado todas las concebibles
circunstancias de los padres originarios; otros tantos en los que ellos ni
siquiera podían ser pensados por las imaginaciones más agudas; unos más en los
que existían distintos, y en cantidades inconmensurables, progenitores a los que
una vida entera consagrada al ocio y la reflexión no podría pasar revista,
dando como resultado la conclusión, a todas luces absurda, de una infinidad de
edenes primigenios.
El inquieto mancebo coincidía con el canon en ciertos puntos
y predicaba sobre una multitud de escenas efectivas que parten del momento
original, multiplicándose en actos al infinito y dando lugar a todas las
posibilidades, siendo nuestro mundo una de ellas, que sólo llamamos real por un
mero convencionalismo.
No obstante, ejercía la adivinación, cabe destacar que por
él instaurada, y tirando unos dados de ocho caras pedía a la substancia del
cosmos que le señalara por cuál camino debía decantarse, sabiendo que,
independientemente de las voliciones y las decisiones humanas, todas las
posibilidades se harían actuales, paralelamente.
Así bien, la alborada llegó y el verdugo hizo que Aguilulfo
pagara por su impiedad del modo más humillante y doloroso posible. El consejo
de sacerdotes realizó una campaña de difusión del caso de Aguilulfo para
disuadir cualquier eventual apostasía dejando constancia de que sería duramente
castigada.
***
Apegándose al calendario litúrgico, el clérigo, pregonaba
ante un grupo de jóvenes novicios la verdad que le había sido revelada al Sumo
Sacerdote, Pastor Universal de los pueblos. El religioso exponía en su
alocución que el mundo que habitamos proviene de un momento primigenio del que
se siguen infinitas posibilidades, de las que a su vez se siguen incontables hechos
potenciales más y así sucesivamente.
En este primer momento, dictaba, Abraham violó brutalmente a
Saray, quien quedó preñada de Vasni, siendo esta la concepción primigenia. No
obstante, agregó, esta circunstancia primigenia no era la única, ya que de
inicio hubo inconmensurables situaciones que dieron origen a un infinito de
universos paralelos, entre ellos uno en el que el nacimiento de Vasni fue
posterior a 2 abortos de Saray; uno más en que Vasni era fruto de una inmaculada
concepción por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo; y hasta uno, en
especial extravagante, en que el natalicio primigenio de Vasni era fruto de la
cópula consentida.
Después de dictar otras tantas enseñanzas, el presbítero concluyó
con una digresión: “Los textos sagrados en los que se cimenta nuestra doctrina
son relatos escritos a modo de ficción por un poeta beodo y chiflado, en los
que éste ‘recoge’ las enseñanzas de un profeta fruto de sus delirios llamado
Aguilulfo.
“Si bien Aguilulfo fue originado por su pervertida e
intoxicada mente, sabemos que él existió, existe o existirá en un mundo posible
derivado de un momento originario distinto al nuestro”.
EPÍLOGO