viernes, 19 de julio de 2013

El profeta que cantó a Juan Gabriel

Condenado a muerte, el joven Aguilulfo esperaba el alba en la mazmorra. Al salir el sol, sería conducido a la plaza pública, dónde le esperaban el látigo, el potro, la pira y los perros salvajes para devorar sus despojos. Su pena apenas correspondía a la magnitud de lo que el consejo de sacerdotes consideraba una abominable y execrable heterodoxia, por lo que prudentemente le imputaba los cargos de herejía, brujería, alteración el orden público y corrupción de los jóvenes.
Aguilulfo, apodado “El Insensato”, había negado el santo dogma del edén primitivo, pregonado en público sus aventurados delirios. Si bien aceptaba el natalicio primigenio de Vasni, hijo de Abraham y Saray, aseguraba que, en una circunstancia transmundana, su concepción se debía a la violación, y no a la cópula consentida; que su nacimiento fue posterior a 2 abortos de Saray; o que, incluso, Vasni era fruto de una inmaculada concepción por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo.
Asimismo, sostenía que hay otros múltiples- infinitos- virtuales escenarios en los que se habían realizado todas las concebibles circunstancias de los padres originarios; otros tantos en los que ellos ni siquiera podían ser pensados por las imaginaciones más agudas; unos más en los que existían distintos, y en cantidades inconmensurables, progenitores a los que una vida entera consagrada al ocio y la reflexión no podría pasar revista, dando como resultado la conclusión, a todas luces absurda, de una infinidad de edenes primigenios.
El inquieto mancebo coincidía con el canon en ciertos puntos y predicaba sobre una multitud de escenas efectivas que parten del momento original, multiplicándose en actos al infinito y dando lugar a todas las posibilidades, siendo nuestro mundo una de ellas, que sólo llamamos real por un mero convencionalismo.
No obstante, ejercía la adivinación, cabe destacar que por él instaurada, y tirando unos dados de ocho caras pedía a la substancia del cosmos que le señalara por cuál camino debía decantarse, sabiendo que, independientemente de las voliciones y las decisiones humanas, todas las posibilidades se harían actuales, paralelamente.
Así bien, la alborada llegó y el verdugo hizo que Aguilulfo pagara por su impiedad del modo más humillante y doloroso posible. El consejo de sacerdotes realizó una campaña de difusión del caso de Aguilulfo para disuadir cualquier eventual apostasía dejando constancia de que sería duramente castigada.

***

Apegándose al calendario litúrgico, el clérigo, pregonaba ante un grupo de jóvenes novicios la verdad que le había sido revelada al Sumo Sacerdote, Pastor Universal de los pueblos. El religioso exponía en su alocución que el mundo que habitamos proviene de un momento primigenio del que se siguen infinitas posibilidades, de las que a su vez se siguen incontables hechos potenciales más y así sucesivamente.
En este primer momento, dictaba, Abraham violó brutalmente a Saray, quien quedó preñada de Vasni, siendo esta la concepción primigenia. No obstante, agregó, esta circunstancia primigenia no era la única, ya que de inicio hubo inconmensurables situaciones que dieron origen a un infinito de universos paralelos, entre ellos uno en el que el nacimiento de Vasni fue posterior a 2 abortos de Saray; uno más en que Vasni era fruto de una inmaculada concepción por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo; y hasta uno, en especial extravagante, en que el natalicio primigenio de Vasni era fruto de la cópula consentida.
Después de dictar otras tantas enseñanzas, el presbítero concluyó con una digresión: “Los textos sagrados en los que se cimenta nuestra doctrina son relatos escritos a modo de ficción por un poeta beodo y chiflado, en los que éste ‘recoge’ las enseñanzas de un profeta fruto de sus delirios llamado Aguilulfo.
“Si bien Aguilulfo fue originado por su pervertida e intoxicada mente, sabemos que él existió, existe o existirá en un mundo posible derivado de un momento originario distinto al nuestro”.

EPÍLOGO

Minutos antes de ser sacado de su celda para cumplir con su condena, Aguilulfo jugó a los dados, los que le mostraron su futuro, por ello afrontó el suplicio con templanza y sus últimas palabras fueron: “Vamos al Noa Noa, Noa vamos a bailar”.