“Escucho y obedezco”
Las mil y una noches
Sostengo que la finalidad de la educación básica y media
superior en México (no les puedo hablar de la superior porque soy un analfabeta
funcional) es crear obreros; por tal motivo, las principales enseñanzas que se
imparten en las aulas (y muy exitosamente, por cierto) son obediencia, aniquilación
del espíritu crítico y conformismo.
Cuando era estudiante me parecía inútil y estúpido memorizar
nombres, fechas, fórmulas y definiciones genéricas (muchas de ellas
anquilosadas y otras tantas erradas). Asimismo, consideraba irracional y
ridículo tener que usar uniforme, deber llegar temprano a la primera clase so
pena de perder derecho a tomar todas las demás, las prohibiciones de practicar
el comercio (aunque en la dirección las secres y maestras compartieran con
descaro 40 mil catálogos) y las demostraciones de afecto, etc.
No obstante, con la madurez y buen juicio que la vejez
otorga, paulatinamente he ido descubriendo los beneficios del modelo educativo
mexicano.
El primero de ellos es que optimiza las inversiones de los
empresarios. Un empleado mexicano trabaja mucho (usualmente más de las 8 horas
que marca la ley), permite que se pisoteen sus derechos (salvo grupos aislados
como el SME nadie protestó contra la neoliberalista reforma laboral y muchos
consentimos trabajar en la informalidad) y cobra poco (el salario mínimo en
México es de menos de 5 dólares diarios).
El segundo es que le otorga estabilidad al país. A pesar del
descarado fraude electoral de 2006 y el sutil fraude electoral de 2012, la
ciudadanía acepta los gobiernos impuestos y sobrellevan la situación con humor
y con la esperanza de que en 2018 los grupos de poder tengan la cortesía de
respetar la voluntad popular.
El tercero, y más importante, es que crea hombres felices.
Esto demuestra su carácter humanista. El estudio sobre la Felicidad 2010-2012
de las ONU coloca a México en el decoroso lugar 16 de su ranking por encima de
países como EE. UU., Reino Unido, Uruguay, Argentina, Italia, Grecia, España,
Egipto o Libia.
Un hombre acostumbrado a obedecer y no cuestionar, termina
conformándose a consumir cualquier cosa que le pongan en frente y aún así estar
satisfecho. Por eso disfrutan de las nauseabundas telenovelas de televisa, de
una selección mexicana que entró al mundial por la puerta de atrás y de
adquirir en el buen fin una pantalla de plasma para disfrutar de su mierda
televisiva en HD, aunque la paguen en 2 años y al triple de su precio con
engañosas ofertas.
Y aunque este modelo no es perfecto, pues de vez en cuando
egresa algún preguntón insatisfecho, la vida laboral les otorga a éstos la
oportunidad de reivindicarse, pues nunca es tarde para hacer un cambio positivo
en nuestra vida.
Mi creatividad muere día a día y cada vez pienso menos
agudamente, lo que es un buen indicio; además, trabajo más de 8 horas y en la
informalidad y he tomado la decisión de no tomar más decisiones. Tengo la
esperanza de que en unos 2 años pueda sentarme el domingo a ver la Academia 46
y ser feliz.
¡Enhora buena!