domingo, 2 de febrero de 2014

Amor mediterráneo

Les presento el primer gran éxito de Blacamáns Project. ¡Un tema dedicado a todos los enamorados!
https://soundcloud.com/blacamans-project/amor-mediterr-neo

jueves, 21 de noviembre de 2013

Carta de un conformista anhelante

“Escucho y obedezco”
Las mil y una noches

Sostengo que la finalidad de la educación básica y media superior en México (no les puedo hablar de la superior porque soy un analfabeta funcional) es crear obreros; por tal motivo, las principales enseñanzas que se imparten en las aulas (y muy exitosamente, por cierto) son obediencia, aniquilación del espíritu crítico y conformismo.
Cuando era estudiante me parecía inútil y estúpido memorizar nombres, fechas, fórmulas y definiciones genéricas (muchas de ellas anquilosadas y otras tantas erradas). Asimismo, consideraba irracional y ridículo tener que usar uniforme, deber llegar temprano a la primera clase so pena de perder derecho a tomar todas las demás, las prohibiciones de practicar el comercio (aunque en la dirección las secres y maestras compartieran con descaro 40 mil catálogos) y las demostraciones de afecto, etc.
No obstante, con la madurez y buen juicio que la vejez otorga, paulatinamente he ido descubriendo los beneficios del modelo educativo mexicano.
El primero de ellos es que optimiza las inversiones de los empresarios. Un empleado mexicano trabaja mucho (usualmente más de las 8 horas que marca la ley), permite que se pisoteen sus derechos (salvo grupos aislados como el SME nadie protestó contra la neoliberalista reforma laboral y muchos consentimos trabajar en la informalidad) y cobra poco (el salario mínimo en México es de menos de 5 dólares diarios).
El segundo es que le otorga estabilidad al país. A pesar del descarado fraude electoral de 2006 y el sutil fraude electoral de 2012, la ciudadanía acepta los gobiernos impuestos y sobrellevan la situación con humor y con la esperanza de que en 2018 los grupos de poder tengan la cortesía de respetar la voluntad popular.
El tercero, y más importante, es que crea hombres felices. Esto demuestra su carácter humanista. El estudio sobre la Felicidad 2010-2012 de las ONU coloca a México en el decoroso lugar 16 de su ranking por encima de países como EE. UU., Reino Unido, Uruguay, Argentina, Italia, Grecia, España, Egipto o Libia.
Un hombre acostumbrado a obedecer y no cuestionar, termina conformándose a consumir cualquier cosa que le pongan en frente y aún así estar satisfecho. Por eso disfrutan de las nauseabundas telenovelas de televisa, de una selección mexicana que entró al mundial por la puerta de atrás y de adquirir en el buen fin una pantalla de plasma para disfrutar de su mierda televisiva en HD, aunque la paguen en 2 años y al triple de su precio con engañosas ofertas.
Y aunque este modelo no es perfecto, pues de vez en cuando egresa algún preguntón insatisfecho, la vida laboral les otorga a éstos la oportunidad de reivindicarse, pues nunca es tarde para hacer un cambio positivo en nuestra vida.
Mi creatividad muere día a día y cada vez pienso menos agudamente, lo que es un buen indicio; además, trabajo más de 8 horas y en la informalidad y he tomado la decisión de no tomar más decisiones. Tengo la esperanza de que en unos 2 años pueda sentarme el domingo a ver la Academia 46 y ser feliz.

¡Enhora buena!

viernes, 19 de julio de 2013

El profeta que cantó a Juan Gabriel

Condenado a muerte, el joven Aguilulfo esperaba el alba en la mazmorra. Al salir el sol, sería conducido a la plaza pública, dónde le esperaban el látigo, el potro, la pira y los perros salvajes para devorar sus despojos. Su pena apenas correspondía a la magnitud de lo que el consejo de sacerdotes consideraba una abominable y execrable heterodoxia, por lo que prudentemente le imputaba los cargos de herejía, brujería, alteración el orden público y corrupción de los jóvenes.
Aguilulfo, apodado “El Insensato”, había negado el santo dogma del edén primitivo, pregonado en público sus aventurados delirios. Si bien aceptaba el natalicio primigenio de Vasni, hijo de Abraham y Saray, aseguraba que, en una circunstancia transmundana, su concepción se debía a la violación, y no a la cópula consentida; que su nacimiento fue posterior a 2 abortos de Saray; o que, incluso, Vasni era fruto de una inmaculada concepción por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo.
Asimismo, sostenía que hay otros múltiples- infinitos- virtuales escenarios en los que se habían realizado todas las concebibles circunstancias de los padres originarios; otros tantos en los que ellos ni siquiera podían ser pensados por las imaginaciones más agudas; unos más en los que existían distintos, y en cantidades inconmensurables, progenitores a los que una vida entera consagrada al ocio y la reflexión no podría pasar revista, dando como resultado la conclusión, a todas luces absurda, de una infinidad de edenes primigenios.
El inquieto mancebo coincidía con el canon en ciertos puntos y predicaba sobre una multitud de escenas efectivas que parten del momento original, multiplicándose en actos al infinito y dando lugar a todas las posibilidades, siendo nuestro mundo una de ellas, que sólo llamamos real por un mero convencionalismo.
No obstante, ejercía la adivinación, cabe destacar que por él instaurada, y tirando unos dados de ocho caras pedía a la substancia del cosmos que le señalara por cuál camino debía decantarse, sabiendo que, independientemente de las voliciones y las decisiones humanas, todas las posibilidades se harían actuales, paralelamente.
Así bien, la alborada llegó y el verdugo hizo que Aguilulfo pagara por su impiedad del modo más humillante y doloroso posible. El consejo de sacerdotes realizó una campaña de difusión del caso de Aguilulfo para disuadir cualquier eventual apostasía dejando constancia de que sería duramente castigada.

***

Apegándose al calendario litúrgico, el clérigo, pregonaba ante un grupo de jóvenes novicios la verdad que le había sido revelada al Sumo Sacerdote, Pastor Universal de los pueblos. El religioso exponía en su alocución que el mundo que habitamos proviene de un momento primigenio del que se siguen infinitas posibilidades, de las que a su vez se siguen incontables hechos potenciales más y así sucesivamente.
En este primer momento, dictaba, Abraham violó brutalmente a Saray, quien quedó preñada de Vasni, siendo esta la concepción primigenia. No obstante, agregó, esta circunstancia primigenia no era la única, ya que de inicio hubo inconmensurables situaciones que dieron origen a un infinito de universos paralelos, entre ellos uno en el que el nacimiento de Vasni fue posterior a 2 abortos de Saray; uno más en que Vasni era fruto de una inmaculada concepción por gracia de un mágico-mítico Espíritu Santo; y hasta uno, en especial extravagante, en que el natalicio primigenio de Vasni era fruto de la cópula consentida.
Después de dictar otras tantas enseñanzas, el presbítero concluyó con una digresión: “Los textos sagrados en los que se cimenta nuestra doctrina son relatos escritos a modo de ficción por un poeta beodo y chiflado, en los que éste ‘recoge’ las enseñanzas de un profeta fruto de sus delirios llamado Aguilulfo.
“Si bien Aguilulfo fue originado por su pervertida e intoxicada mente, sabemos que él existió, existe o existirá en un mundo posible derivado de un momento originario distinto al nuestro”.

EPÍLOGO

Minutos antes de ser sacado de su celda para cumplir con su condena, Aguilulfo jugó a los dados, los que le mostraron su futuro, por ello afrontó el suplicio con templanza y sus últimas palabras fueron: “Vamos al Noa Noa, Noa vamos a bailar”.

martes, 12 de junio de 2012

Eso sí no


A pesar de ser un individuo especialmente vicioso, puedo asegurar que la deshonestidad no es uno de mis defectos. Por fortuna, las ocasiones que he tratado de faltar a la rectitud, me he visto envuelto en situaciones sobremanera penosas que me han recordado que no debo faltarle al respeto a mis iguales y, sobre todo, a mí mismo.
Cuando era niño, tendría yo 6 ó 7 años, después de varias visitas a la miscelánea, descubrí que entre el mostrador y el refrigerador contiguo había un hueco donde cabía mi entonces pequeña mano, y podía tomar un huevo de Kinder sorpresa, algo muy preciado para mí en ese entonces. Después de pensarlo en numerosas ocasiones, decidí dar el golpe y robarme un huevito; así que fui a la tienda, compré alguna pequeñez y mientras me daban mi cambio, metí mi mano en el agujero y tome el objeto de mi deseo. Para mi desgracia (o más bien mi fortuna), mis nervios hicieron que tirara de más del huevo tirando toda la caja, por lo que salí casi corriendo de la tienda. Cuando regresé se me caía la cara de vergüenza, desde luego.
Unos años después, trabajando en una tienda de conveniencia, por accidente no cerré la cuenta de un individuo, que había comprado unos chicles de uno cincuenta y se me hizo fácil volvérselos a cobrar a la siguiente clienta que era una gringa. Al darle su ticket me dijo: “me estás cobrando unos Trident que yo no compré”, le di el peso con cincuenta que le pertenecían sintiéndome sumamente pinche por colaborar al cliché del mexicano gandalla.
La última, fue sin duda la más dolorosa. Un ex amigo[1] en cierta forma me defraudó; fui a beber a su casa, y ya borracho, en afán de desquite le robé 2 libros que por cierto ni siquiera eran suyos. Al otro día le confesé mi falta a su hospitalidad, a lo que de modo resentido contestó “ahí tú sabes”, lo que me hirió profundamente al echarme en cara lo ruin que fui.
A partir de estas experiencias he decidido no volver a ser deshonesto ni abusivo, aunque espero que si alguna vez vuelvo a flaquear, la fortuna, que según Maquiavelo por su naturaleza femenina sonríe a los jóvenes, me recuerde que ese camino no es el mío.


[1] Yo no tengo amigos. De los que fueron mis amigos, unos no merecen ese apelativo, y los que lo merecen, he perdido el derecho de llamarlos de esa forma. Una sentida disculpa para ellos, pues, aún los aprecio.

sábado, 17 de marzo de 2012

Eliminación de la contradicción

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El 10 de septiembre, los titulares de todos los periódicos refirieron el maravilloso suceso; los trends topics no versaron sobre otra cosa; en el Facebook, las bromas sobre Newton no tardaron en aparecer: una manzana había caído para arriba. El prodigio había tenido lugar en el jardín botánico de cierta universidad en la que trabajaba el profesor Antonio Wenceslao, con quien me asignaron en el programa Semestre con un investigador.

La noticia no pasó desapercibida para nadie. La comunidad científica se volcó en un acalorado debate para dilucidar las causas del fenómeno, en el que se sostuvieron las más disímiles tesis como la manipulación de la evidencia; que el aire en un punto específico, con el diámetro exacto del fruto, sufrió un proceso de licuefacción, por lo que el peso aparente de la manzana se había vuelto cero; o hasta que las plantas estaban evolucionando y el hecho respondía a una estrategia de conservación del Malus sylvestris, que cada vez se haría más frecuente.

Los puristas del lenguaje, por su parte, arguyeron que el portento se reducía a un absurdo semántico, pues, el concepto caer entraña necesariamente el desplazamiento hacia abajo. Resolvían la cuestión enunciando que la manzana había ascendido.

En las últimas páginas de un periódico sensacionalista de ámbito local y poco impacto, se publicó una nota en la que se aseguraba que un profesor de la Facultad de Filosofía y Letras había vaticinado el fenómeno horas antes en un congreso sobre epistemología. La verdad es que el profesor Antonio Wenceslao no había predicho nada, simplemente había respondido al ataque de un realista ingenuo: “en apego a mis principios no me sorprenderé si una manzana se cae para arriba o mañana el sol nace por el occidente”.

El profesor Antonio Wenceslao no era un académico sobresaliente, en los círculos intelectuales era menospreciado y tenía fama de loco, maniaco o hasta charlatán, a mí me parecía un personaje simplemente peculiar, a quien tenía que sobrellevar para justificar mi beca del programa de investigación. El factor que le había otorgado un poco de notoriedad, porque no se le puede llamar celebridad, era su férrea convicción escéptica, la que alcanzó su clímax simbólico cuando escupió sobre la tumba de Cartesio.

En consonancia con su parecer, el profesor tenía un singular hábito que el único nombre que podía recibir mejor que el de duda metódica, era el de duda compulsiva. El Profesor Antonio se sentaba todas las tardes a llenar página tras página y cuaderno tras cuaderno con la constancia por escrito de su dudar permanente. Cuando joven, después de leer el Discurso del método, comenzó a no admitir como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era (lo que lo condujo a no aceptar nada, por supuesto, tampoco la causalidad), pero no se detuvo ahí, siguiendo el consejo cartesiano al extremo, dudó de todo lo que le parecía razonable dudar; lo que lo condujo a dudar de que dudaba, y luego, a dudar que dudaba de que dudaba, después, a dudar de que dudaba que dudaba de que dudaba… Desde el momento en que su mente no pudo contener tal cantidad de dudas, comenzó a escribirlas en papel y así se originó su excéntrica práctica.

A mí, que había sido de los pocos privilegiados en presenciar la elevación de la manzana, a veces me parecía que tenía fundamento su duda al infinito, pero otras, la creía una osadía juvenil que, paulatinamente, se había tornado en extravagancia senil.

El 9 de septiembre, después de asistir a la ponencia del Profesor Antonio Wenceslao, caminé a través del jardín botánico para llegar al boulevard en el que tomaría el microbús. Meditaba sobre las ideas del profesor y concluí que no estaba de acuerdo con él, yo podía dudar de todo, pero no de que dudaba: como Cartesio, ¡no dudaba de que dudaba! En ese momento, la manzana se desprendió de su rama y voló por los cielos. Lo único que atiné a pensar entonces fue “no dudo de que dudo, es decir, dudo y no dudo” y temí que, de continuar con estos pensamientos, al otro día el sol naciera por el occidente.

Manuscritos del profesor Antonio Wenceslao (trabalenguas)

Dudo, dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo.

Dudo de x[1], dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de x, dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de x…



[1] X=[Dudo, dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo, dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo que dudo de que dudo].

domingo, 28 de marzo de 2010

Mi primera vez

Para Mayco

Llegamos al lugar como a las doce, mis amigos ordenaron brandy, yo pedí un vodka tonic, no me gusta el dulce. Platicábamos sobre el proyecto de maestría de Manuel, mucho tecnicismo y adjetivo mamón, cuando al borde del tedio la vi bailando. Al moverse, al ritmo de chocolate de Kylie Minogue, sus glúteos representaban un suave movimiento circular tan perfecto qué Platón lo hubiera identificado con el arquetipo; la expresión de su bello rostro, altiva e indiferente, expresaba total sensualidad. ¡No los voy a engañar! Me cautivo. Me perdí, no pude, ni quise, evitar entregarme al goce estético, no sexual pues no soy un degenerado, que me provocaba tan idílica figura.
Cuando intentaba retomar el hilo de la charla, noté que mientras su vista apuntaba al techo, en realidad me miraba de reojo, y ocasionalmente me lanzaba de esas miradas discretas que, en realidad, son como un eufemismo de lo descarado. Al terminar la pieza se dirigió a nuestra mesa y, mientras levantaba casi imperceptiblemente la ceja izquierda, espetó de modo dulcemente imperioso “¿me invitas una copa?”
Le invite varios tragos desde luego, ¡pero valió la pena! Teníamos muchas cosas en común, le gustaba la arqueología, aunque me parece que no había investigado mucho, le gustaba sobremanera Pink Floyd, aunque no conocía muchas rolas, y se reía de mis chistes; pero, lo más importante, le gustaba tanto como ella a mí. Pasado un rato me sugirió que la invitara a un hotel, de inmediato accedí y, créanme amigos, si dios existe estoy en deuda con él, pues, fue prodigioso. Me permito comentarles, para dar cuenta de su coquetería, que cuando nos despedimos me negó sus labios y me besó la mejilla.
Esa noche me gasté 3600 pesos. También desde esa noche me gustan los tables.